"Bienvenidos a una Nueva Dimensión Psicodélica"

La verdad detrás de Greenpeace

080422 green fascism 2 796795 La verdad detrás de GreenpeaceA consecuencia de la exposición de los hechos ­ que de manera evidente eran ignorados por casi todo el mundo ­ el presidente de Greenpeace Noruega, Björn Oekern, renunció a su cargo (y al de director de Greenpeace International) por estar en desacuerdo con las tácticas y métodos de la organización para recaudar fondos, acusándola de que “nada del dinero recaudado fue usado por Greenpeace para protección del ambiente”, agregando que consideraba que Greenpeace era, en realidad, un grupo “eco-fascista”.

Estas apreciaciones, viniendo de alguien que proviene del “riñón mismo” de Greenpeace, constituyen un antecedente que debería tenerse en cuenta para evaluaciones políticas sobre la validez de sus denuncias ecológicas.

De la misma manera que lo tuvieron en cuenta los 15.000 socios que Greenpeace tenía en Noruega y que después del escándalo renunciaron a seguir perteneciendo a una organización de este tipo. Aquí se puede hablar de gente que “vio la luz” a tiempo, y prefirió separarse de los 35 activistas que aún registra la operación de Greenpeace Noruega. Sin embargo, la falta de apoyo popular (que se traduce en dólares, a la hora de las cuentas), ha motivado la intención de cerrar la filial en Noruega.

Si los fines de Greenpeace justifican tales medios, ¿cuáles son estos nobles fines? Cuando se llega a los extremos de asesina inconsciencia a la que Greenpeace llegó con el asunto del plutonio transportado por el barco Akatsuki Marú desde Francia hasta el Japón, se puede esperar cualquier cosa de una organización de este tipo. Hasta que use las técnicas de Goebbels para conseguir sus objetivos. O las de su gran maestro, Adolfo Hitler. La absolutamente estúpida e inconsciente actitud que Greenpeace ordenó para sus embarcaciones que perseguían y se interponían en la ruta del barco japonés, pudo verdaderamente provocar la hecatombe ecológica que la misma Greenpeace denuncia como posible. De haber ocurrido un accidente que provocase que el plutonio se perdiese en el fondo del mar, Greenpeace hubiese tenido la ocasión de vociferar triunfalmente: ¿Vieron? Ya habíamos advertido que la energía nuclear es peligrosa! Sobre todo con una pandilla de desequilibrados cerca, que se han autonombrado guardianes y custodios de nuestra salud, seguridad, y algunas cosas más, (entre las que notamos que también quieren que figure nuestro dinero).

¿Cuáles son ­repito­ estos nobles fines? Es imposible de probar con precisión, aunque podemos imaginarlos. Uno de sus pasiones es el odio por la industria, el comercio y el libre mercado. Peter Bahouth, director de Greenpeace USA, le dijo al periódico In These Times, el 11 de Abril de 1991: “No creo en la idea del mercado… Da por resultado tratar a los tóxicos o a la contaminación como productos de consumo… cuando las compañías tienen una línea baja de rentabilidad, no la vemos pensando en el medio ambiente.”

Por su parte, un consultor alemán sobre el ambiente, Josef Huber, al hablar sobre los militantes de Greenpeace Alemania, hace un claro análisis del tema, y realmente coincide con la visión que tiene nuestro conocido Víktor Frankl sobre temas similares: “Estos Greenpeacers no saben realmente qué es lo que anhelan. Pero ellos sienten la fuerte necesidad de protestar por la percibida destrucción de la Tierra por parte de la industria y el capitalismo. Los elementos del marxismo están entremezclados con un nuevo tipo de romanticismo y anarquismo.”

Otro co fundador de Greenpeace, Robert Hunter (para muchos fue su líder espiritual) y hoy productor independiente de películas en Toronto, escribió una crónica en 1979 sobre Greenpeace, titulada Los Guerreros del Arco Iris (Warriors of the Rainbow), donde dice : “El maquiavelismo y el misticismo jugaron roles iguales en la formación de la conciencia que Greenpeace expresaba. Corporizaba, algunas veces, un fervor religioso, otras veces una crueldad que lindaba con el salvajismo. La corrupción y la grandeza jugaron cada una sus partes, y cada una recogió su cosecha…” Crueldad y Religión son una mezcla combustible y altamente detonante, especialmente si están mezcladas con una certeza absolutista y una intolerancia violenta. Estos eran los ingredientes básicos de la Santa Inquisición, que parece levantarse nuevamente de entre las cenizas de los millones de seres humanos enviados a la hoguera.

Greenpeace otorga becas para algunas investigaciones, pero no financia la investigación relacionada con la eliminación y limpieza de residuos peligrosos, tóxicos o nucleares. ¿Por qué? Greenpeace dice que su rol es el de prevenir la contaminación, y no el de limpiarla. Parece que el encontrar las soluciones para estos problemas socava los objetivos de Greenpeace de eliminar los procesos industriales que generan residuos o provocan “problemas de salud”. Algunos analistas dicen que sería suicida financiar investigaciones que harían desaparecer los motivos de ser de Greenpeace y, sobre todo, las excusas para sus campañas de recaudación. Greenpeace no está por la eliminación de los residuos tóxicos ­ está por la eliminación de la industria.

En su literatura destinada a recaudar fondos, Greenpeace cita con frecuencia al Mahatma Ghandi y a su retórica de la no violencia. Pero el Ghandi creía apasionadamente que los buenos fines no justifican medios malévolos. La devoción de Greenpeace a este ideal es, sin embargo, sumamente cuestionable, vistos sus numerosos antecedentes. Su apoyo a organizaciones de “terroristas ecológicos” como Earth First! (usan métodos que habrían horrorizado a Ghandi), cuyo fundador, Michael Roselle, además de estar hoy en la lista de sueldos de Greenpeace, tiene la captura recomendada por Interpol, a pedido del gobierno Noruego, por minar a un ballenero noruego anclado en el puerto. Estos eco-terroristas se hicieron famosos por introducir gruesas púas de acero en los troncos de árboles, que provocaban espantosas e invalidantes heridas en los trabajadores de los aserraderos.

A causa de sus declaraciones extremistas, se ve a Greenpeace cada vez menos como una organización dedicada a la salvación de las especies en peligro, y más como un propulsor de la política del Hermano Mayor de Orwell, que gobernaría al mundo de la forma que a los directivos de Greenpeace les gustaría que fuese. Una dictadura destinada a continuar las políticas de coloniaje de las naciones industriales sobre el Tercer Mundo.

La Fisura en el Arco Iris

Quizás el logro más impresionante de Greenpeace, en su vida de 23 años, haya sido el haber conseguido vender su imagen, no sólo como una importante organización ultra-ecologista, sino como una conciencia global verde (cuyas actividades, autodescriptas como no-violentas, fueron impulsadas por un presupuesto anual de casi 200 millones de dólares), están más allá de todo reproche. Esto explica un tanto la reacción de Greenpeace a la emisión por la televisión estatal de Dinamarca (la TV-2) de una documental que muestra cómo la organización ha desviado millones de dólares hacia cuentas de banco secretas, ha sobornado funcionarios y políticos, y se ha codeado con los eco-terroristas.

Aunque los voceros de Greenpeace han desmentido lo que se afirma en la documental llamada The Crack in the Rainbow (La Fisura en el Arco Iris), los cargos fueron tan bien fundamentados, que en Europa se han echado sombras de escándalo sobre Greenpeace, sombras que se hicieron más oscuras porque las afirmaciones del documental están apoyadas por historias previas que informaban sobre irregularidades éticas y financieras dentro de la organización, incluyendo un largo y muy completo artículo publicado por la prestigiosa revista norteamericana Forbes, en Noviembre, 1991.

Esta documental de una hora de duración fue producida por un equipo de la TV-2, con la asistencia del realizador cinematográfico Magnus Gudmunsson. Comienza con un comenta-rio hecho por el cofundador de Greenpeace, E. Bennet Metcalfe, un veterano escritor de la Columbia Británica, Canadá, que dice: “Por la forma en que comenzamos entonces y la forma en que es ahora, me veo a menudo como una especie de Dr. Frankenstein que creó un monstruo que ahora tiene vida propia.” La documental muestra a continuación al ex jefe de contadores de Greenpeace, Frans Kotte, que describe la existencia de cuentas de banco privadas que contienen más de 20 millones de dólares “estrujadas” de las contribuciones públicas a las campañas de Greenpeace tales como Salven a las Selvas Lluviosas, a la Capa de Ozono, y a las Ballenas. De acuerdo a Kotte, esas cuentas eran de compañías “holding” secretas, accesibles solamente para los máximos dirigentes de Greenpeace, especialmente por David McTaggart, el nativo de Vancouver que ayudó a organizar a Greenpeace International en 1979.

También se documenta la manera (que ya vimos cómo) Greenpeace sobornó a funcionarios de gobiernos en la Comisión Ballenera Internacional (nada más fácil de coimear que un funcionario de gobierno) durante la década del 80. El programa relata cómo Greenpeace y otros grupos ecologistas establecieron un fondo para coimas de u$s 5 millones para comprar los votos suficientes para asegurar que la Comisión impusiera la prohibición total a la caza comercial de la ballena.

La Conexión Eco-Terrorista

greenpeace eco nazis La verdad detrás de GreenpeaceYa vimos como el investigador privado Barry Clausen que había sido contratado para infiltrarse en el grupo eco-terrorista Earth First! para exponer sus actividades ilegales, terminó descubriendo las conexiones y el apoyo financiero, legal y político que Greenpeace le prestaba ­ y le presta aún ­ a los activistas de Earth First! Clausen terminó su intenso año de infiltración dentro de Earth First! publicando un libro titulado Walking on the Edge (Caminando en el Borde), publicado en Abril de 1994. El mensaje de Clausen en este libro es simple: “Los ecologistas que encontré no tienen intereses terrenales, sólo una necesidad de destruir. En los Estados Unidos han llegado ya al punto de la anarquía, y la Columbia Británica se dirige directo al sumidero con todos nosotros.” Earth First! es una organización clandestina que está fuera de la ley. Los actos vandálicos y abiertamente delictivos cometidos por sus miembros la han obligado a la clandestinidad. Entonces, ¿cómo se comunican con el “mundo exterior”? ¿Cómo reciben sus subsidios y aportes financieros?

La casilla de correo que tiene Earth First! queda a una sospechosa cuadra de distancia de las oficinas de Greenpeace en Commercial Drive, en Vancouver. Barry Clausen dirigió un sobre con vivos colores a dicha casilla, y comprobó que “era recogido por una joven empleada de Greenpeace y llevado a la oficina”, según afirma. Cuando en la documental se le dice a Uta Bellion, Presidenta de Greenpeace International, que la organización tiene conexiones con los terroristas de Earth First!, ella lo niega con toda calma.

Pero, cuando en cámara se le presenta la documentación que prueba toda la operatoria, la Sra. Bellion tartamudea, se pone tan nerviosa que apenas puede conectar ideas, y finalmente, al borde de la histeria, dá por concluida la entrevista. La respuesta de Greenpeace a la emisión de TV-2 de Dinamarca fue inmediata. Su oficina internacional intentó bloquear la venta de la documental a otras televisoras del mundo, sin conseguirlo. La documental fue emitida en Febrero del 93 en Alemania, uno de los baluartes más fuertes de Greenpeace. Y en Sudamérica, ¿se animará alguien a mostrarla?

Desde el interior

Incapaz de impedir la venta y emisión de La Fisura en el Arco Iris, Greenpeace lanzó una campaña para difamar a los que le estaban sacando sus trapitos al sol. En esa dirección, intentó ridiculizar a la revista científica 21st Century Science & Technology, organización norteamericana que había usado el servicio de Internet para informar al pueblo norteamericano acerca del “La Fisura”, acusando a sus editores de estar conectados con el político demócrata Lyndon LaRouche, Jr., acusándolos de ser “antisemitas”!

Además de las renuncias y revelaciones escandalosas de Bjorn Oekern, ex presidente de Greenpeace Noruega y de Frans Kotte, jefe de contadores de Greenpeace International, ya comentadas, están las de Stan Gray y Gord Perks, “campañistas” de Greenpeace que en Junio de 1993 declararon a la prensa de Ottawa, Canadá, que sólo el 5% del presupuesto anual de u$s 7 millones provistos por más de 325.000 donantes canadienses iban directamente a las campañas para el ambiente; el resto es consumido por gastos administrativos y gastos no especificados. Como esto iba en contra de las afirmaciones de Greenpeace Canada que el 70% de su presupuesto se dedica a trabajos relacionados con el ambiente, ambos trabajadores fueron despedidos de inmediato. Trudie Richards, miembro del panel del “management” de la organización explica que “fueron despedidos por haber distorsionado injustamente la imagen de la organización.” Sin embargo, la misma Trudie Richards, en su reunión del año anterior con los demás directores de Greenpeace había admitido que “el dinero que va a las campañas [de Greenpeace] de manera directa ha caído del 17%, en el año 1992, al 5% actual para el año 1993, que no incluye a nuestras campañas internacionales.”

Quizás ya se hayan hecho públicas las revelaciones de dos “arrepentidos” de Greenpeace Brasil, que le fueron hechas a Magnus Gudmunsson cuando éste viajó a Río de Janeiro en preparación de su nueva documental sobre la manera en que los ecologistas apoyan a los traficantes de drogas en las selvas amazónicas, y la forma en que los subproductos de la elaboración de “pasta base” de cocaína están contaminando los ríos amazónicos y destruyendo la vida ictícola. Y de eso puedo dar fe, ya que he vivido en plena “zona roja” de la selva amazónica de Bolivia. ¿Sabía usted que para producir un kilo de “pasta base”, se usan unos 1400 litros de acetona, éter, kerosén, ácido sulfúrico y otros macerantes que se vierten luego a los ríos de la región? Multiplique esta cifra por la cantidad de toneladas de pasta base que se produce (algunas decenas de miles de toneladas) e imagine el efecto que estos productos químicos están haciendo en el ambiente de la selva. ¿Y alguien ha escuchado a alguna organización ecologista levantar su voz para alertar por esta circunstancia? ¿Ha protestado alguna vez Greenpeace en contra de la actividad de los narcos solicitado la intervención de los gobiernos para terminar con la destrucción de las selvas que están produciendo los narcotraficantes? ¿Alguien sabe algo de las conexiones entre el ultraecologismo, los narcos, Sendero Luminoso, los Zapatistas de Chiapas, las beneméritas fundaciones, el Departamento de Estado y la Corona Británica? ¿No?

Siga leyendo, quizás se entere de cosas que ni siquiera la imaginación de Ian Fleming pudo elaborar para su personaje James Bond y las maquinaciones de las organizaciones Spectre, Trash y el malévolo Ernst Stavro Blofeld. ¿Recuerda?

Al momento de escribir esto (Enero de 1997) Gudmunsson me habló por teléfono desde Río para contarme su proyecto de documental y para solicitarme que, además de operar una de las cámaras Sony M3, le sirva de guía e intérprete, no sólo en la selva amazónica, sino en las selvas burocráticas de los distintos gobiernos de la región. En esa conversación me contó de la “defección” de los dos ex “Greenpeacers”, me contó que le habían entregado documentación importantísima sobre las próximas campañas que Greenpeace tiene planeadas para Sudamérica, relacionadas con su intención de prohibir el uso del cloro para potabilización del agua de las ciudades (¡¡¿y el cólera…?!!) y otras acciones que no me quiso revelar por teléfono, pero que me aseguró que eran gravísimas por las consecuencias que tendrán sobre las economías y la salud de la población.

La Pseudo-Ciencia de Greenpeace

eco fascism La verdad detrás de GreenpeaceGreenpeace ha invertido millones de dólares, a partir del nombramiento en 1988 del geólogo Jeremy Legget como Primer Director de Ciencia (para Greenpeace Inglaterra), para legitimar sus declaraciones ecológicas apocalípticas. La cantidad de dinero que realmente se invierte en estudios científicos, sin embargo, permanece en secreto. Hay acusaciones de que en este campo, el dinero proveniente de las donaciones también ha sido desviado. Greenpeace USA comisionó recientemente al experto forestal Randal O’Toole para elaborar un informe sobre la industria de la madera en los EEUU. Después de un muy exhaustivo estudio, O’Toole llegó a la conclusión de que eliminando los subsidios gubernamentales al Servicio Forestal de los EEUU y permitiendo que cobrase tasas por actividades de recreación y turismo, el Servicio estaría menos inclinado a sobrecortar árboles, y se podría alcanzar una industrialización forestal “sustentable”.

De inmediato, Greenpeace le prohibió al experto publicar las recomendaciones del estudio usando el nombre de la organización. “Tuve la impresión que a alguien, muy arriba en Greenpace, no le gustaron mis conclusiones”, dijo O’Toole.

Otro ejemplo: en Febrero de 1992, Kyrn Stevens el encargado de las campañas de “pulpa y papel” de Greenpeace Australia, envió por correo el informe de una investigación a los sindicatos de la construcción, madera y minería, delineando los riesgos de cáncer que enfrentaban los obreros de la industria del papel en Canadá (presumiblemente para provocar inquietud acerca de los blanqueadores con cloro). La carta de presentación advertía que se trataba de un informe oficial de la Universidad de Exeter. Esto provocó un escándalo en la prestigiosa universidad inglesa. El Vicecanciller Dr. David Harrison se apresuró a informar a todos los involucrados que Greenpeace simplemente había alquilado un espacio en el “campus”, y toda referencia a la Universidad de Exeter del informe debía ser considerada únicamente como una casilla de correo. Los fines de Greenpeace justifican cualquier medio . . .

Científicos y “Científicos”

La argumentación de Greenpeace y demás agrupaciones ecologistas se basan, según afirman ellos, en investigaciones científicas que les impulsan a Salvar al Mundo, cueste lo que cueste y se muera quien sea! Por cada tres científicos de verdad (aquellos que aman a la ciencia porque constituye un reto de lo desconocido), existe un científico para los que la Ciencia es sólo un medio de lograr fortuna, figuración, fama y honores. Y para ello deben recurrir a la propaganda de sus actos y sus descubrimientos para atraer la atención. La Prensa Amarilla viene como anillo al dedo. Los científicos embarcados en el hiper-ecologismo pertenecen a esta categoría. Los más avispados han descubierto además el gran negocio que significa el manejo de los fondos recibidos como donaciones y subsidios de las ya Famosas Fundaciones. Es un modo de vida que les permite acumular fortuna, figurar en los diarios, revistas y boletines ecologistas y, por supuesto, dar satisfacción a sus ansias de amargarle la vida al pobre hombre que tiene la osadía de querer ser feliz. Jamás! Ese es el peor y más grande Pecado Hiper-ecológico.

Por ello es necesario revolver en el fondo ancestral de la superstición y sacar a la superficie los terrores a lo desconocido, a las catástrofes inminentes, al Apocalipsis. Es necesario aterrar a la gente diciéndole que todo lo que produce el progreso es cancerígeno, o le hará engendrar hijos deformes, y que vivimos rodeados de invisibles y mortales enemigos que nos están carcomiendo lentamente.

Los intentos de Greenpeace de legitimar a su eco-ciencia en numerosas oportunidades le han resultado tiros por la culata. En una encuesta que hizo Greenpeace en 1991 entre los integrantes del Panel de Cambio Climático de la ONU, sólo el 13% de los que respondieron creían que el mantenimiento de los actuales consumos de energía darían como resultado un Calentamiento Global descontrolado. Sin embargo, Greenpeace continúa en la ofensiva mientras trata de desacreditar a sus detractores. Un ejemplo reciente es la publicación de La Guía Greenpeace de Organizaciones Antiecologistas, un compendio de 54 organizaciones canadienses y norteamericanas que “han declarado la guerra a todas las propuestas de los ecologistas” y, por ello, no deben ser creídas. El folleto se vende por u$s 5.00. Las organizaciones “non-sanctas” incluyen Keep America Beautiful (Mantenga a América Hermosa); la Sociedad Para la Verdad Ambiental; Alerta del Consumidor (Consumer Alert); la Fundación Heritage y Accuracy in the Media (Precisión en los Medios de Comunicación).

Pero la publicación sólo llama la atención sobre los problemas de Greenpeace. El 10 de Enero del 94, el Washington Times ridiculizó al grupo por su librito. “Greenpeace tiene razón en preocuparse” – editorializó el diario ­”pero no por el tamaño de sus oponentes sino por la verdad de sus mensajes.” Agregaba el Times que Greenpeace le ganaba en gastos a las 54 agrupaciones juntas: u$s 65 millones contra u$s 62 millones.

Uno de los co-fundadores de Greenpeace, Patrick Moore, figura en el libro negro porque es ahora director de la organización Forest Alliance de la Columbia Británica. De acuerdo a Moore, “Pienso que el libro es literatura de odio. No cabe duda que Greenpeace ha cambiado de distribuir desinformación a distribuir odio.” Hace veinte años, Moore veía a Greenpeace (como muchos de nosotros la vimos) como una institución similar a la Cruz Roja, dedicada a resolver problemas ecológicos a través de la ciencia y la acción no guerrillera. Pero admite que habían problemas desde el comienzo: “Siempre nos dimos cuenta de que había una corriente de anti-humanitarismo dentro de la organización; miembros que creían que la gente es un cáncer sobre la faz de la Tierra.” A medida de que Greenpeace abría más y más sucursales y se volvió más y más militante en los ’80, Moore vio el advenimiento de lo que llama el “ecofascismo” e hizo lo que pudo para expulsar a los misántropos ­los que aborrecen a la humanidad. Sus esfuerzos resultaron vanos: “Greenpeace ha perdido su humanidad porque le ha vuelto la espalda a la gente y ha puesto al ambiente en primer lugar.”

Aunque Moore piensa que hay razones para esperar que un verdadero sacudón dentro de Greenpeace pueda cambiar a la organización para un mejoramiento de la misma, no puede negar una tendencia al fundamentalismo en el ecologismo que puede llevar al desbande de las organizaciones verdes, incluido Greenpeace. Moore dice que “en lugar de seguir el concepto judeo-cristiano que el hombre es bueno o malo y que la naturaleza es indiferente, estos cruzados predican que la naturaleza es buena y que el hombre es malo”. Pero la verdad es que todos somos interdependientes y ello no puede ignorarse. No resulta extraño que la gente esté comenzando a cuestionar a Greenpeace.” No es idea mía, entonces, que Greenpeace es sólo un conjunto de nihilistas lanzados a la destrucción de la humanidad ­ sus bases (y un conjunto de avivados, los altos dirigentes) lucrando de manera desvergonzada con la credulidad de la gente y de su más sincero y el más noble de los sentimientos: mejorar sus condiciones de vida y las de su prójimo.

El alegato hiperecologista va dirigido expresamente a agitar en nuestro interior los temores atávicos. Y tal como el monstruo del placard, siempre se maneja entre las sombras de la duda y de los datos científicos distorsionados, sacados de contexto, deformados, mezclados y muchas veces directamente falsificados. En verdad, han sembrado la duda. Y cuando a la duda se le agrega la ignorancia, el temor a los peligros desconocidos y se la riega con abundantes Profecías Catastróficas, florece rápidamente la desesperación y las cosechas son abundantes. Las profecías apocalípticas tocan la sensible fibra del terror y han servido para explotar la superstición de los Hombres y ayudar a mantenerlos sojuzgados a lo largo de la Historia.

La Recaudación

¿Cómo se recauda dinero para un grupo ecologista? Es bueno escuchar el consejo de William Dodd, uno de los directores de la oficina en San Francisco, de la firma de consultores Craver, Mathews, Smith y Co, los recaudadores de fondos utilizados por Greenpeace desde 1985: “Se necesita un sentido de la urgencia, y se necesita un enemigo” La firma ha sido un factor fundamental del éxito financiero de Greenpeace. ¿La urgencia?: “Hemos asesinado ya al 94% de las ballenas!” dice un anuncio. “Las centrales nucleares de Atucha y Embalse deben ser cerradas YA!” o “El gobierno debe cancelar el tendido de líneas de Alta Tensión o los niños del Barrio Poeta Lugones morirán de leucemia!” La exageración funciona. En realidad, es lo único que funciona. La ciencia no tiene fuerza alguna contra las exageraciones y deformaciones ecologistas. Greenpeace USA recaudó en 1990 u$s 64 millones, de los cuales, el 60% provenían de las 43 millones de cartas enviadas por Craver, Mathews, etc. Hoy, Greenpeace recauda más de 1 millón de dólares diarios por débito directo a sus “simpatizantes”.

De acuerdo a Dodds, el “mailing” o campaña de envío de cartas tiene éxito si apenas consigue recuperar los costos: la plata gorda recién viene con las renovaciones. Digamos que Greenpeace envía 1 millón de circulares pidiendo “colaboración” para salvar a las ballenas y recibe como respuesta cheques del 1,6%, o sean 16.000 personas. Con una donación promedio de u$s 25, el ingreso representa unos u$s 400 mil. ¿Cuánto costó el mailing? El franqueo subsidiado para las organizaciones sin fines de lucro (?) cuesta 11 centavos la pieza, o un total de 110.000 dólares. El arte, impresión y producción pueden costar unos u$s 250.000 y el alquiler de la lista de correo (la dirección de los potenciales donantes) vale $ 65.000.

En lo que a dinero en efectivo se refiere, Greenpeace ha salido a mano, por el momento. La organización tiene ahora la dirección y la buena voluntad de 16.000 nuevos creyentes que responderán al gasto del próximo mailing con una tasa de retorno del 50%, no del 1.6%. Con la repetición de este mecanismo, el dinero continúa ingresando y puede ser usado para los programas de Greenpeace ­ salvar las ballenas, los mosquitos, los pingüinos, comprar botes de gomas, oficinas en Roma, “vilas” en Perugia, vacaciones en el Caribe, coimas a ministros, jueces, etc. (bombas atómicas de rezago en Rusia, quizás?)

Aunque parezca una manera ineficiente de recaudar dinero, resulta sin embargo un buen negocio. Greenpeace USA y su afiliada Greenpeace Action inviertieron en 1989 unos 19 millones de dólares para recaudar 31 millones. No llega a una rentabilidad del 100% anual. Dentro del negocio ecologista, esta es una muy baja tasa de retorno.

Otras organizaciones ambientalistas no son mezquinas con las revelaciones de sus balances y manejos. Por ejemplo, el Nature Conservancy, dedicado a la compra y preservación de tierras no desarrolladas (para evitar cualquier tipo de mejoras) gasta el 52% de sus ingresos en la compra y protección de tierras y sólo el 2% en “mailing” para pedir donaciones. “in embargo, ya vimos que el Nature Conservancy tiene ingresos anuales por más de 250 millones de dólares que, en su mayoría, provienen de “subsidios y donaciones” de las fundaciones y corporaciones industriales, sin depender mucho de las técnicas de mailing.

Pero las técnicas que funcionan para Greenpeace, también funcionan para muchas organizaciones que tienen “urgencias apremiantes ” para impedir “catástrofes inminentes”. La cartera de clientes de Craver, Mathews incluyen a más de 30 grupos ecologistas “progresistas” como el Sierra Club, y al Natural Resources Defense Council. A esta firma de consultores no le preocupan las causas que representa. Realizó el mailing del NRDC para la campaña alarmista ­ y totalmente infundada ­ del insecticida Alar, lo que causó la quiebra y desaparición de miles de fruticultores de manzanas y provocó una innecesaria y malévola paranoia en la población de madres en EEUU que ya veían a sus bebés envenenados con puré de manzanas y pesticida mortal. . . No se equivoque: lo mismo que a las más importantes organizaciones ecologistas del mundo, a Craver, Mathews le importa un rábano la Salvación del Planeta. No es una organización de beneficencia ni de caridad. Como la caridad bien entendida comienza por casa, en 1989, Craver, Mathews, Smith & Co, le pasaron a Greenpeace una factura por honorarios de u$ 1.100.000. Si asesoran a 30 ONGs más, ¿a cuánto ascenderán los ingresos de Craver, Mathews provenientes del “eco-business”. . . ?

Pero, más inquietantes aún son las preguntas: ¿A cuánto ascenderán los ingresos de todas las organizaciones dedicadas a “salvar al planeta”?, ¿Cómo se administran estas sumas descomunales de dinero? o, ¿Son realmente usadas para los fines alegados, o simplemente son una suculenta fuente de recursos aprovechadas por inescrupulosos dirigentes ecologistas? De cualquier forma que sea, al pato de la boda (y a la fiesta, los músicos y el viaje de boda) lo estamos pagando nosotros . . . incluidas las 6 bombas atómicas que – de acuerdo a los Servicios Secretos Alemanes – Greenpeace habría comprado en el mercado negro de Rusia y piensa usarlas como argumento de coherción para sus futuras demandas en pos de la Salvación del Planeta. Curiosa filosofía es esta, que considera ético exterminar una porción considerable de la humanidad para “salvar” a las focas, las ballenas, los humedales, la diversidad biológica, la capa de ozono y otras sandeces similares.

Si usted “colabora” con alguna donación a Greenpeace, no resulta aventurado decir que está pagando para que alguien (o algunos millones) resulte muerto como consecuencia de las regulaciones y prohibiciones que esta organización impulsa. Sólo recuerde que en 1991, el gobierno peruano, oyendo los consejos de los ecologistas, detuvo la cloración del agua potable de Lima, capital del Perú. A los dos meses se desató la epidemia de cólera que todos recordamos y que me excusa de seguir aportando argumentos.

Referencias

1. John Dyson, “Sink the Rainbow!” (London: Victor Gollancz Ltd., 1986), p. 58
2. Fritjof Capra y Randy Hayes, “Green and Peace: A Visionary Link”, Greenpeace Examiner (Oct-Dec. 1986), p. 14
3. “Green and Peace: A Visionary Link”, p. 15, op. cit.
4. “The Not So Peacefull World of Greenpeace”, FORBES, 11 de Noviembre de 1991, pp. 174-180

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