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La diosa azteca Coyolxauhqui, la Luna

Coyolxauhqui La diosa azteca Coyolxauhqui, la LunaCoatlicue era la Tierra, madre de Coyolxauhqui, la Luna y de los “Cuatrocientos del sur” Centzon Huiznahua, las Estrellas. Un día, cuando barría su templo en lo alto del cerro de Coatepec, la Tierra quedó embarazada milagrosamente gracias a una bolita de plumas que provenía del cielo y que ella guardó en su pecho. La Luna consideró el embarazo de su madre como una afrenta e instigó a sus hermanos las Estrellas a matarla. Huitzilopochtli, el Sol, desde el vientre de la Tierra, advirtió el peligro y decidió defender su vida y la de su madre.

Cuando la Luna y las Estrellas estaban a punto de asesinarla, nació el Sol Huitzilopochtli, ataviado para la guerra y armado con una serpiente de fuego, llamada Xiuhcóatl, con la que la decapitó para, después, arrojarla desde lo alto del cerro Coatepec. En su caída, la diosa se fue desmembrando en cada giro. Así muere la Luna cada mes derrotada por el Sol, a pedazos. Coyolxauhqui y su desmembramiento son la explicación a un fenómeno celeste, en cual la luna muere y nace por fases, y así fue encontrada al pie de la escalinata de Huitzilopochtli en el Templo Mayor.

El relieve muestra a la diosa decapitada y mutilada de brazos y piernas, con gotas de sangre que manan de las extremidades y que dejan expuestas las coyunturas óseas. Está adornada con un cinturón de serpiente bicéfala rematado con un cráneo en su espalda. La serpiente de dos cabezas se repite en los atados de muslos y brazos. Las articulaciones y los talones de sus pies están adornados con mascarones compuestos por un rostro de perfil provisto de colmillos, cuyo significado todavía se presta a las más variadas conjeturas. Lleva sus sandalias, sus muñequeras y tobilleras.

Su tronco, con los pechos flácidos, está de frente, mientras que sus caderas dan un inusitado giro mostrándose de perfil y obligando a las extremidades a colocarse de igual forma. Su cabeza porta un gran penacho de plumas y su pelo está adornado con círculos. Sus orejeras, compuestas por tres figuras geométricas, enmarcan su rostro, cuyo ornamento principal, los cascabeles en la mejilla, da nombre a la diosa Luna, de la que parece salir el último aliento de vida a través de su boca entreabierta.

La escultura tiene 3.25 metros de diámetro en promedio, 8 toneladas de peso y está hecha en piedra volcánica. Fue encontrada fortuitamente por unos trabajadores de la Compañia de Luz y Fuerza del Centro, que instalaban cables subterráneos en la esquina de las calles de Guatemala y Argentina, el 21 de febrero de 1978. Este importante hallazgo dio por resultado las excavaciones arqueológicas del Proyecto Templo Mayor, hasta la fecha bajo la dirección del Arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.

La diosa Coyolxauhqui celebra el 30 aniversario de su vuelta a la luz en México La Diosa azteca Coyolxauhqui cumple este mes 30 años de volver a la luz, tras permanecer siglos enterrada y olvidada bajo el suelo de Ciudad de México hasta que el arqueólogo Raúl Arana la descubrió en 1978 en unas obras que adelantaba una compañía de energía. Arana, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), recordó hoy en una entrevista con Efe que su descubrimiento comenzó el 23 de febrero de 1978, con la denuncia de un posible hallazgo arqueológico por parte de un grupo de electricistas que hacía excavaciones en el Zócalo capitalino.

El Centro Histórico de México está construido sobre los restos del Templo Mayor de la ciudad de Tenochtitlán, que fue capital de los aztecas, el mayor imperio prehispánico desde principios del siglo XIV hasta la llegada de los españoles y cuyos habitantes adoraban a Coyolxauhqui, entre otras deidades. A medianoche, el único arqueólogo disponible aquel día fue Arana, que se encontraba por la zona supervisando las obras del metro para controlar eventuales daños patrimoniales. “La diosa me escogió, por eso estaba yo ahí”, aseguró el funcionario, quien al verla se sintió “trasladado al tiempo en que se depositaba esta pieza, cuando era venerada”.

El ingeniero que lo acompañó le preguntó si la pieza era valiosa o si podía continuar la obra. “Automáticamente le dije: ‘Usted no volverá jamás a tocar en su vida esta piedra'”, rememoró. “Todavía no sabíamos exactamente de qué se trataba, pero sí de que iba ser una revolución cultural, histórica y de todo tipo para el Centro Histórico, para la Ciudad de México y para nuestro país”, aseguró. El equipo de Arana tardó cinco días en desenterrar el monolito, que tiene 3,25 metros de diámetro por 30 centímetros de espesor. Finalmente, en la madrugada del 28 febrero de 1978 el arqueólogo identificó la figura como la diosa azteca Coyolxauhqui, que significa “la que tiene pintura facial con cascabeles”.

El mito azteca dice que cuando Coyolxauhqui supo que su madre Coatlicue, diosa de la Tierra, iba a dar a luz, conspiró con sus hermanos para matarla porque su nuevo hermano había sido engendrado por la pluma de un colibrí. Sin embargo, Huitzilopochtli, Dios de la guerra y del Sol, nació como adulto y armado para defender a su madre, decapitó a Coyolxauhqui y la arrojó montaña abajo, con lo que su cuerpo quedó desmembrado, así como aparece en el monolito. Coyolxauhqui se convirtió en la Luna y los demás guerreros vencidos en las estrellas. La escultura fue encontrada en su ubicación original, a los pies de la pirámide Huitzilopochtli, y, según Arana, fue sepultada por los propios aztecas. Para este arqueólogo, Coyolxauhqui ayudó a demostrar que los aztecas sí realizaban sacrificios humanos, algunas veces imitando ese mito, pero con prisioneros de guerra. A los cautivos les arrancaban el corazón y los lanzaban pirámide abajo, donde les cortaban las extremidades y las repartían.

El hallazgo también facilitó que se expropiaran más de 40.000 metros cuadrados para realizar excavaciones en el Centro Histórico, e incluso que la UNESCO considerara esta zona Patrimonio de la Humanidad. “Coyolxauhqui es sólo la puntita del iceberg”, aseguró Arana, quien recordó que Ciudad de México está construida sobre un lago y, por tanto, “hay gran cantidad de monumentos y restos arqueológicos esperando hundidos en el fango”. Uno de los últimos descubrimientos valiosos realizados en esta zona es una lápida que representa a la Diosa de los Muertos, Tlaltecuhtli, donde sospechan que podrían estar los restos de Ahuitozl, gobernante de los aztecas cuando Cristóbal Colón desembarcó en el Nuevo Mundo. De ser así, sería la primera tumba de un gobernante azteca descubierta.

Para conmemorar los 30 años del descubrimiento de Coyolxauhqui el Templo Mayor organiza durante todo febrero conferencias al respecto los sábados, el 23 una fiesta y en abril una exposición especial. Este santuario prehispánico es uno de los mayores atractivos de Ciudad de México y el año pasado recibió 602.543 visitas, según sus responsables.

La ubicación de la Coyolxauhqui en el Templo Mayor, clave para entenderla

Hay que reconstruir virtualmente el recorrido del Sol por el Templo Mayor: Felipe Solís.

Por la noche reinaba la deidad lunar Coyolxauhqui, pero conforme salía el Sol por el este, a espaldas del doble edificio del Templo Mayor, la pirámide correspondiente a la deidad solar de Huitzilopochtli se iba iluminando. Y mientras su sombra se achicaba, la frontera de luz y oscuridad “cercenaba” poco a poco el disco de piedra que representaba a la diosa desmembrada y que había sido colocado por los mexicas al pie de la escalinata. La piedra circular de ocho toneladas de la Coyolxauhqui estuvo ahí desde finales del siglo XV, cuando los sacerdotes de la Gran Tenochtitlán ordenaron su ubicación, hasta hace 30 años, en 1978, cuando fue puesta al descubierto por trabajadores de la Compañía de Luz, e identificada y removida después por un equipo de arqueólogos mexicanos a cargo de Raúl Arana.

La mitología azteca cuenta que la diosa Coatlicue se embarazó de manera por demás fantástica con un plumón blanco (el esperma de la creación), que sus hijos, encabezados por Coyolxauhqui, la iban a matar para lavar la afrenta, pero que el nuevo hijo sería nada menos que Huitzilopochtli. Antes de también ser asesinado junto con su madre Coatlicue, Huitzilopochtli nació fuerte, adulto y dotado de armas. Entonces decapitó y desmembró a su media hermana, Coyolxauhqui, al arrojarla desde el cerro de Coatepec. Una batalla y un triunfo de uno sobre otra que se representaba todos los días en el cielo que cobijaba a la gran Tenochtitlán, con la salida del Sol, con el repliegue de la Luna. Y que era representado y alimentado con los sacrificios humanos, cuyos cuerpos de las víctimas eran arrojados desde lo alto de la pirámide. Las luces sobre ese mito y la gran Tenochtitlán se han ampliado con las reflexiones del arqueólogo Felipe Solís en torno al simbolismo de la Coyolxauhqui, de las cuales compartió algunos adelantos, como parte del ciclo de conferencias por los 30 años del descubrimiento de esa deidad lunar y del inicio del proyecto del Templo Mayor.

Mito y astronomía

Felipe Solís, también director del Museo Nacional de Antropología, habló este sábado en el auditorio Eduardo Matos Moctezuma del Museo del Templo Mayor y recordó que suman tres o cuatro los trabajos de interpretación iconográfica de la Coyolxauhqui. Pero ante eso, Solís destacó que la interpretación tiene que hacerse en relación con la ubicación in situ de la pieza circular de la Coyolxauhqui. Y la pieza del disco, dijo, está en relación con la pirámide, que es la materialización de Coatepec, y con la imagen de Huitzilopochtli, que se sabe que estaba en el Templo Mayor con su madre Coatlicue. “Es decir, los protagonistas: Coyolxauhqui, Huitzilopochtli y Coatlicue, estaban vinculados. Y el disco de la primera tiene que ver precisamente con que el Sol lo iluminaba cotidianamente al transcurrir del este al oeste y al alejar gradualmente las sombras, porque va subiendo por encima del Templo Mayor y va cortando por pedazos a Coyolxauhqui. “Va reproduciendo el mito (de la decapitación y desmembramiento que hizo Huitzilopochtli de Coyolxauhqui), pero también está explicando que la Luna, por acción del movimiento del Sol, y no sabemos si esto lo sabían los mexicas, tiene sus menguantes y sus crecientes. Y esto también lo está reflejando el disco.” Solís recordó que Coyolxauhqui y su mito son conocidos ya de manera suficiente. Ahora, propuso, se tiene que avanzar a partir del manejo de bases de datos y de reconstrucciones virtuales en computadora. Estos programas, agregó, permitirían recrear el movimiento del Sol sobre el Templo Mayor para poder verlo como sí es posible observarlo en la realidad, en Chichén Itzá. “Y si pudiéramos hacerlo, podríamos saber un poco más acerca de estos fenómenos astrales vinculados con el relieve del disco de la Coyolxauhqui.

A lo mejor aquí se podían marcar efectivamente los momentos en que los mexicas se iban a la guerra.” También propuso hacer una publicación más amplia de todas las piezas e imágenes de la Coyolxauhqui que se conocen. Por lo pronto, recordó que Eduardo Matos Moctezuma ha reconocido seis, y que el propio Solís ha identificado una séptima en un pequeño colgante de oro. “Y si mi teoría es correcta, también el decapitado (labrado) de las escalinatas del Templo Mayor sería el octavo”.

Monolito de la Coyolxauhqui, recipiente de sacrificados: arqueólogo Solís

De acuerdo con información del INAH, Felipe Solís Olguín refirió además que el uso de la piedra labrada se daba durante los rituales que recreaban el mito sobre el nacimiento de Huitzilopochtli, deidad central de los mexicas.

México, DF.- El monolito azteca de la Coyolxauhqui, descubierto hace 30 años, fue utilizado como el lugar donde caían los cuerpos de los hombres sacrificados en honor al Sol, aseguró aquí el arqueólogo Felipe Solís Olguín, al participar en un ciclo de charlas con las que se conmemora el hallazgo de la escultura. De acuerdo con información del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Solís refirió además que el uso de la piedra labrada se daba durante los rituales que recreaban el mito sobre el nacimiento de Huitzilopochtli, deidad central de los mexicas.

Por ello, explicó, el monolito había sido ubicado al pie del adoratorio del dios mexica, localizado en la parte sur del Templo Mayor de Tenochtitlán, desde cuya cima eran arrojados los cuerpos de los prisioneros sacrificados para que cayeran sobre el monolito de la deidad femenina relacionada con la Luna y los vencidos. El arqueólogo, quien participó en la identificación de la diosa en 1978, explicó que a diferencia de otros monolitos, como el Calendario Azteca, que fue removido en la Epoca Colonial (1521-1821), éste se encontró en el mismo lugar que ocupó en la antigua Tenochtitlan. Solís habló en el marco de las actividades académicas celebradas con motivo del 30 aniversario del hallazgo del monolito de la Coyolxauhqui, ocurrido el 21 de febrero de 1978. El hallazgo arqueológico del relieve, detalló, se dio en el mismo lugar que ocupaba en la época prehispánica, en el arranque de la escalinata de acceso al adoratorio de Huitzilopochtli, que se encuentra en la cima del Templo Mayor. “De esta manera los mexicas representaron el mito del nacimiento de Huitzilopochtli, en el que se relata que Coatlicue, su madre, estaba barriendo y se encontró una bola de plumas que guardó en su vientre y quedó embarazada.

Al saber esto, su hija, Coyolxauhqui, y sus hermanos, las 400 estrellas, intentan matarla y se inicia un combate. “Huitzilopochtli nace armado en el cerro Coatepec y mata a su hermana, la cual cae desde la cima y queda desmembrada en el suelo”, explicó. Este episodio solía representarse durante los rituales que se hacían en la festividad del Panquetzaliztli, en la que se efectuaba el sacrificio de guerreros capturados en combate y que eran ofrendados en honor a Huitzilopochtli, dios de la guerra y el Sol, abundó. “Al igual que fue arrojada Coyolxauhqui desde la cima del cerro Coatepec, una vez inmolados los cuerpos de los cautivos de guerra eran lanzados desde lo alto del Templo Mayor y rodaban por la escalinata, hasta caer sobre el disco de Coyolxauhqui, el cual servía como recipiente sagrado”, apuntó. “Primero eran decapitados, al igual que la Coyolxauhqui, para posteriormente ser despeñados desde lo alto del adoratorio a Huitzilopochtli. Los cuerpos caían sobre el monolito, una especie de recipiente”, dijo. De acuerdo con los fechamientos, el monolito fue creado entre los años 1469 y 1881 de nuestra era, durante el reinado de Axayácatl y formaba parte de la etapa constructiva IVb del Templo Mayor de Tenochtitlan.

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